"Capital, trabajo y plusvalía". Karl Marx. Ed. Longseller. 208 págs.
Esta edición es una selección hecha sobre los tres tomos de "El Capital". Un libro áspero, desde el aspecto técnico, pero no imposible. Aunque se trata de un recorte de la obra principal de Marx, se puede llegar a comprender la teoría desarrollada por el revolucionario alemán. Marx hace un gran análisis del sistema capitalista, explicando la lógica interna del mismo. La primera parte está referida a la producción del capital. El tema principal es el desciframiento de la “clave” de este sistema: la plusvalía. Es decir, la capacidad del capitalista de aprovecharse del trabajo no remunerado. ¿Qué es la plusvalía? ¡Uf!, Marx lo explicó en tres tomos… La mercancía tiene un valor de uso (aquellas necesidades que satisface) y un valor de cambio (el precio al que se vende en el mercado, la medida es el dinero). La materia prima (fruta, por ejemplo) sufre un proceso de agregado de valor (trabajo del obrero para producir dulce, por ejemplo). El capitalista, el propietario de los medios de producción (las máquinas, las materias primas y auxiliares, etc.) le compra al trabajador su fuerza de trabajo que este vende en el mercado (ya que es lo único que tiene). Le compra su trabajo solo por un tiempo (tanta cantidad de horas por tantos días). Por esas horas, le paga un salario, equivalente a lo que necesita el trabajador para vivir (suponiendo que solamente necesite alimentarse y vestirse). A cambio, el trabajador trabaja (produce) para el capitalista. Ocurre que el trabajador produce con su trabajo más de lo que él necesita para vivir (y de lo que se le paga) y de ello se apropia el capitalista. Supongamos que el trabajador necesita trabajar 4 horas para obtener lo necesario para vivir. Al ser la jornada laboral de 8 horas (con suerte) esas 4 horas que el trabajador trabaja de más son apropiadas por el capitalista. Ese es trabajo no remunerado. El trabajo del obrero agrega valor a las materias primas que elabora. Marx dice que en el mercado, el trabajo es una mercancía más. El trabajador (carente de medios de producción) solo puede vender esto: su fuerza de trabajo. Marx aporta también un llamativo análisis acerca de lo que es el salario. Este se abona siempre a mes vencido, de manera que el trabajador le da un crédito al capitalista (¡encima!).
La segunda parte de la obra se refiere a la circulación del capital. El capitalista vende aquella mercancía a un precio superior al que tiene las materias que lo componen y al valor agregado por el trabajo del obrero. Se apropia así de un valor que no le pertenece. Ese es el beneficio del capitalista. El sistema capitalista tiene por objeto la obtención de ganancias del capitalista, propietario de los medios de producción (máquinas, tierras, etc.). Marx habla de los ciclos, dentro del sistema capitalista. Marx dice que el capitalismo lleva, dentro suyo, crisis cíclicas, debidas a etapas de superproducción que sobrepasan la demanda (crisis recesivas).
Finalmente hay un cierre de toda la obra en la tercera parte. La relación entre el valor de los productos, costos de producción y la ganancia del capitalista.
Marx analiza qué es una mercancía. Esta es una cosa apta para satisfacer necesidades humanas. La utilidad que se le da la convierte en un valor de uso. El valor de esa mercadería está dado por la cantidad de trabajo necesario para producirla. Las mercaderías son dinero que generan más dinero, o sea valor progresivo, es decir: Capital. Pero esto se da solo con la circulación de las mismas. La circulación de mercancías es el punto de arranque del capital. Marx dice que el capitalista tiene por objetivo la ganancia, como fuere. Por eso prolonga la jornada de trabajo del obrero (10, 12 o más horas). E incluso busca evitar que el capital este “muerto”, por eso las jornadas en dos turnos. De manera que el capital derriba barreras morales, quitándole al obrero el tiempo de crecer y de vivir su vida. Por otra parte el capital actúa de manera coactiva, tratando de que se desperdicie el menor tiempo y la menor cantidad de materia prima y que las maquinarias se dañen solo lo necesario. El capital socializa la producción al incorporar mayor cantidad de mano de obra, pero la apropiación de esa producción sigue siendo privada. También, el proceso de producción, jerarquiza la mano de obra, estableciendo diferencia entre los trabajadores y por lo tanto en sus concepciones de la realidad. Además la competencia entre obreros beneficia al capitalista que ante la mayor disponibilidad de mano de obra puede pagar menor precio por el trabajo obrero. Esa mano de obra excedente se genera por el desarrollo técnico que lleva a emplear menor trabajo humano. La acumulación de capital se da a partir del momento en que el capitalista logra vender sus mercancías convirtiendo en capital (máquinas, materia prima) lo obtenido en el mercado. Se reinicia un ciclo (algo así como un círculo vicioso) pues ninguna sociedad puede dejar de consumir y tampoco de producir, derivando entonces aquel proceso de producción en este de reproducción del capital.
En cuanto a la circulación del capital, Marx establece tres fases. En la primera el capitalista, es comprador (invirtiendo en mercancías); en la segunda es consumidor productivo (en la producción, resultando una mercancía de valor superior a los elementos que la componen) y finalmente el capitalista vuelve al mercado como vendedor, convirtiendo a sus mercancías en dinero.
Ya en este trabajo Marx anuncia los monopolios, es decir: la derrota de los capitalistas pequeños ante los grandes. Y establece también las diferencias entre capital industrial (productor de mercancías) y el capital financiero (mercado de dinero). También analiza el papel del crédito como uno de lo motores del capitalismo (y de la ganancia a través del interés) el rol de los bancos, los comerciantes, etc. No deja de mencionar la desigual distribución de la ganancia (otro de los fundamentos del sistema capitalista). Y todo esto descansa sobre las relaciones de producción que se dan en el sistema que es la de capitalista/obrero (específicas de este, así como durante el feudalismo era señor/siervo, o amo/esclavo en la Roma antigua, etc.). Una obra fundamental, que le demandó muchísimo tiempo de estudio a su autor y que fue difundida tras su muerte, por su amigo Engels. Lo ideal es leer El Capital en forma completa, pero este es una buena selección de los pasajes más importantes.
“Abelardo Ramos: creador de la izquierda nacional”. Cristina Noble, ed. Capital Intelectual. 128p.
Esta es una breve biografía de Jorge Abelardo Ramos, uno de los pensadores, polemistas y políticos más importantes de la Izquierda Nacional. Esta denominación no es antojadiza, ya que quienes pertenecen a esta corriente buscaron (y lograron) una síntesis entre las ideas socialistas, marxistas y la cuestión nacional (liberación nacional). No creo que sea muy acertado el título de “creador” de la izquierda nacional, ya que hubo quienes precedieron y compartieron con Ramos aquellas primeras elaboraciones teóricas (Aurelio Narvaja, Jorge E. Spilimbergo, Hernández Arregui, por ejemplo). De todos modos, Ramos fue divulgador de esos postulados (y según sus críticos también “deformador”…). La gran virtud de Ramos fue no solo su aporte a una nueva interpretación de la historia argentina (una revolución de mayo democrática y no separatista, el papel de Yrigoyen y Perón como los grandes movimientos sociales que continuaban la línea de los caudillos federales) sino la capacidad de llegar a un buen sector de la sociedad con un lenguaje claro, sencillo, sarcástico y sumamente ácido. Desentonaban sus escritos con el modelo típicamente serio y aburrido de la izquierda argentina. El libro recorre brevemente sus principales producciones (donde se destaca claramente su más grande obra: Revolución y contrarrevolución en la Argentina) y su actuación política en los varios grupos en los que participó y de los que se desvinculó (en línea con la historia general de la izquierda en nuestro país). Su viraje hacia el nacionalismo de sus últimos años lo llevaron a forzados análisis de la actualidad política y le valieron el enfrentamiento con sus ex compañeros de militancia. Su incorporación al menemismo en los últimos años de su vida tendieron sobre su recuerdo una sombra. Fue un prolífico autor y divulgador de ideas. Por sus aciertos, y no por sus errores, es parte fundamental del pensamiento argentino. El libro es sumamente favorable a Ramos y tal vez menos crítico, pero no por ello deja de ser interesante.
“Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina”. Tomo 2. Ed. Nuevos tiempos, 296p.En esta segunda parte, Galasso analiza el andar de la izquierda en nuestro país entre 1961 y 2001. Tal como en la primera parte, se aproxima a los innumerables grupos de izquierda, a sus divisiones, sus rencillas, sus aportes teóricos y su crecimiento y retroceso en el escenario político. Papel central adquieren Cooke (izquierda peronista) el PSIN, Posadas, Nahuel Moreno, el Partido Comunista, los socialistas, Santucho, el PRT, las organizaciones armadas de izquierda de los años setenta (ERP, Montoneros, principalmente), etc. Galasso remarca los extravíos de la izquierda tradicional, sobre todo en la cuestión nacional (de la que el peronismo es el eje central) y las actitudes de quienes revisaron sus posiciones tratando de desprenderse del pesado lastre y de la concepción y la historia liberal que pesaba sobre ellos. Analiza el comportamiento de la izquierdas durante la dictadura, con severas críticas a quienes veían en ella una ventana “democrática” y llega luego al retorno a al democracia y los vaivenes de los distintos partidos ante el nuevo escenario. El crecimiento del partido Intransigente, la aparición auge y descenso del M.A.S., la figura de Luis Zamora, la oportunidad de la Izquierda Unida y su posterior atomización y los avances y retrocesos de ese espacio durante el menemismo. El libro abarca hasta el 2001 momento de la nueva crisis política y económica) y finalmente realiza una crítica constructiva desde el lugar que el propio autor ocupa en la Izquierda Nacional, siempre con el socialismo como horizonte, pero teniendo en cuenta la realidad del país sin desvaríos abstractos. Interesantísimo libro y muy fácil de leer. Con aportes interesantes a la discusión. Otra gran obra de Galasso.
“Reforma o revolución”. Rosa Luxemburgo. Ed. Longseller.
En esta obra, la revolucionaria polaca refuta las tesis reformistas que propician un avance a través de las instituciones y el parlamentarismo. Luxemburgo lo ve como una avanzada, un paso importante, pero no fundamental. A través de un análisis económico breve pero contundente, Luxemburgo refuta al principal teórico del reformismo (Bernstein) quien decía que la derrota del capitalismo no estaba tan cerca y que debía considerarse la vía parlamentaria para el avance obrero. Bernstein creía que en las naciones industrializadas el socialismo sería fruto del liberalismo propio de la aspiración humana. La crítica de Luxemburgo apunta a no abandonar el materialismo que contiene el marxismo para comprender y revolucionar la sociedad. Rosa Luxemburgo creía que el reformismo del estilo Bernstein solamente buscaba atenuar algo la explotación capitalista y no buscaba la transformación total de la sociedad. Bernstein postulaba la adaptabilidad del capitalismo. Rosa Luxemburgo decía que los elementos señalados por Bernstein como factores de adaptabilidad (crédito, por ejemplo) eran en realidad los elementos que aventurarían las contradicciones. En el caos del crédito, dice que generaría la desaparición de los pequeños capitalistas y el fortalecimiento de los grandes, acentuando los niveles de explotación. Relativiza la acción sindical, a la que ve solo como un paliativo dentro del sistema capitalista. El progreso técnico conspira contra la mano de obra. El sindicalismo, al manifestarse contrario a ello tomaría una posición reaccionaria, es decir no hacia el futuro, sino hacia el pasado, una especie de retorno a la edad media y sus corporaciones de oficios. A la idea de la democracia como camino al socialismo que postula Bernstein, Luxemburgo la refuta diciendo que solo es democracia formal, ya que en el parlamento se manifiestan los intereses de la sociedad capitalista como si fueran los de la mayoría. Finalmente cuestiona al revisionismo por considerarlo un abandono de la ideología de clase. Es interesante el capítulo donde aborda el cooperativismo, propuesto por Bernstein. Luxemburgo dice que es imposible un sistema solidario en el marco de uno de búsqueda de la ganancia. Ya que un cooperativa productiva necesita una cooperativa de consumidores. Lo que le parece a Luxemburgo imposible ya que es otro intento de retroceder a la Edad Media. Luego plantea que la democracia no es el camino al socialismo, sino que el socialismo es el camino a la verdadera democracia. El objetivo según la autora, debe ser la toma del poder. Anteriormente, en la edad antigua y la edad media, eran las leyes las que colocaban a los campesinos y trabajadores en condiciones de sometimiento. Ahora no hay leyes explícitas, pero se mantiene la subordinación por las condiciones económicas y las relaciones de producción.
"Cómo se formó la alianza antirrosista". Adolfo Saldías. Editorial Plus Ultra. Saldías fue quizás el primer revisionista (o al menos uno de los primeros). Lo llamativo es que Saldías no era un historiador rosista. Su cambio de percepción acerca de la etapa rosista se da a partir del acceso a cartas y documentos que la hija de Rosas (Manuelita) le facilitó. Luego de analizar aquella documentación, Saldías brinda una nueva visión sobre Rosas, valorando la posición nacional del gobernador sin dejar de criticar los métodos violentos utilizados en ejercicio del poder (más o menos parecidos a los de los unitarios). En esta obra, Saldías analiza como se va formando esa alianza entre grupos unitarios (Echeverría, Gutiérrez, Sarmiento, Alberdi, Lavalle), tropas brasileñas, tropas francesas, diplomacia extranjera y caudillos del interior enfrentados a Rosas. El disparador fue el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires, luego que una disposición del gobierno obligaba a los ciudadanos franceses a cumplir un servicio militar. El bloqueo tuvo que ver con las pretensiones hegemónicas francesas (y las intrigas inglesas) para dominar la región y separar a las provincias del sur. Saldías se anima a una crítica a la actitud antinacional de los emigrados en Montevideo (generación del '37) que no dudaron en sacrificar la provincia oriental (Uruguay), entregarse a Francia e Inglaterra, y regalar la soberanía nacional con tal de derrocar a un gobierno con el que no estaban de acuerdo. Buen libro de un autor que fue respetado por los mitristas mientras fue parte de la historia oficial y que fue silenciado luego de adoptar posturas críticas respecto a los próceres oficiales.
"Historia del radicalismo". Ana María Persello. Eudeba. La autora recorre la historia del partido radical desde su creación hasta el gobierno de De la Rúa. A la heterogénea conformación inicial le seguirán las lógicas consecuencias: las constantes divisiones y visiones encontradas. De la vieja Unión Cívica se desprenderá un sector más consecuente con las ideas democráticas y populares (los radicales) y a partir de allí surgirá el radicalismo, que se fracturará desde casi sus orígenes en una línea nacional y popular (Yrigoyen) frente a una conservadora y elitista (Alvear). Está escrito en forma muy accesible, aunque algunos detalles internos acerca de convenciones y elecciones internas resulten un poco arduos (los que, igualmente, constituyen un aporte valioso). El radicalismo en el poder (Yrigoyen) constituye una avance fundamental en la participación política de los sectores postergados. La conflictividad obrera y los crímenes de la Semana Trágica y la Patagonia, además de ser responsabilidad del gobierno, refleja las contradicciones y debilidades de ese movimiento nacional. El ala opositora interna (los galeritas) surgirá hacia 1924 (gobierno de Alvear) y posteriormente, los alvearistas se unirán a los conservadores para bloquear a Yrigoyen. A pesar de todo, Yrigoyen triunfará, pero su segundo gobierno será interrumpido por el golpe de 1930 (restauración conservadora). La década infame tendrá como opositores a los radicales más consecuentes (F.O.R.J.A.). Pero poco a poco el yrigoyenismo irá diluyéndose en la variadas corrientes internas. Nuevamente el radicalismo se aliará a sectores antipopulares en 1945 y en 1955. Otra vez aparecerán las fracturas y los corrimientos internos. Balbín representará la línea más antiperonista y Frondizi la más integradora, más allá de que ambos veían al peronismo como un obstáculo. Las actitudes contradictorias y vacilantes frente al peronismo proscripto y de cara a las dictaduras militares llevarán a Frondizi e Illia a finales interrumpidos de sus gobiernos (sin dejar de lado los factores políticos y económicos generales). Tras la dictaduras de Onganía, Levingston y Lanusse el radicalismo emergerá débil ante el retorno de Perón, aunque buscando una buena convivencia. El golpe de 1976 pondrá en el congelador a todos los partidos, desarrollando una masacre generalizada, pero el radicalismo (al igual que los otros partidos) aportarán hombres en las municipalidades y otros cargos. Con el retorno a la democracia la figura de Alfonsín surgirá como la más fuerte imponiéndose sobre los sectores conservadores, merced a su desempeño relacionado a los derechos humanos. El impulso a la vida democrática y los anhelos de progreso social quedarán bajo la sombra de las presiones militares y las leyes de obediencia debida y punto final. Sin embargo la popularidad del radicalismo se mantendrá hasta las derrotas electorales de 1987 y el final anticipado por la hiperinflación en 1989. Luego sufrirá una atomización que lo relegará al tercer puesto (1995). Volverá al gobierno tras una alianza con sectores de izquierda y peronistas y culminará en el desastre del 2001. Como resumen: el radicalismo es un partido de origen indudablemente popular, que retrocedió cuando sus dirigencias se tornaron conservadoras y acomodaticias. La vieja línea yrigoyenista se prolongó en Perón. La renovación radical de Alfonsín no encontró continuidad y la crisis del partido se reflejó en el retroceso electoral y en el internismo que debilitó la militancia y la participación en la vida del partido. Un libro atractivo y muy accesible a la lectura y que tiene la virtud de analizar el comportamiento del partido en todo el país, dejando de la do la posición centrista que suelen tenerse en este tipo de libros. Por lo que es frecuente encontrar referencias a los líderes radicales del interior, como Sabattini, Lencinas, Illia, León, etc.
“Alberdi, los mitristas y la guerra de la triple alianza”. David Peña, con estudio preliminar de Rodolfo Ortega Peña - Eduardo Luis Duhalde. A. Peña Lillo, editor. 1965, 155 págs.
Este libro analiza la posición crítica de Alberdi respecto de la guerra del Paraguay (1865-1870). En ese conflicto Argentina, Uruguay y Brasil se unieron para masacrar al pueblo paraguayo cometiendo uno de los más grandes crímenes de nuestra historia. La guerra se originó por la invasión a Uruguay que hizo Brasil, gravitando sobre la vida política de Uruguay, apoyando al partido colorado. Paraguay entonces, dio su apoyo al partido blanco. Presidía Argentina el general Mitre, quien se negó a darle paso a las tropas paraguayas para pasar a Uruguay (Mitre era claramente favorable a Brasil). Paraguay pasó de todos modos y esto le dio la excusa que Mitre (y Brasil) estaban buscando para unirse y hacer la guerra contra Paraguay. Hasta ese entonces el Paraguay había dado muestras de absoluta independencia política y económica, y bajo la presidencia de Solano López había desarrollado una importante producción propia y un interesante comercio a pesar de las muchas dificultades. Alberdi había formado parte de la generación del ‘37 (junto a Sarmiento, Echeverría, etc.) y entonces había sido sumamente crítico del gobierno de Rosas (con lo cual recibió la bendición de Sarmiento), adoptando una posición liberal que jamás abandonó, pero se opuso a la guerra del Paraguay porque advertía las pretensiones del Brasil sobre ese territorio y sobre la región en general. La guerra se concluyó bajo la administración de Sarmiento. Este estuvo enfrentado con Alberdi largo tiempo y tras la muerte del tucumano, publicó una carta privada que probaba su “traición”. La carta en cuestión solamente marcaba su disidencia con la guerra y su respeto por el presidente paraguayo. Sarmiento hizo publicar una carta (la fecha y el contenido fueron adulterados… ¿cuando no Sarmiento)?...
En este libro, David Peña buscar rescatar la verdad histórica señalando otras cartas y otra correspondencia en la que queda clara la posición de Alberdi (contrario a la guerra), pero que no llega a constituir una “traición”. David Peña fue un caso claro de lo que el silenciamiento oficial ha hecho a lo largo de nuestra historia con todos aquellos que han sido críticos de las políticas antinacionales y antipopulares. Peña puede ser considerado un revisionista, más allá de su inicial postura liberal y de su antirrosismo. Escribió una biografía reivindicatoria de Facundo Quiroga refutando a Sarmiento (aunque no se atreve a ir más allá por su antirrosismo). Llegó a conocer a Alberdi, con quien entabló amistad y a quien le tomó aprecio. Por eso realizó varias conferencias y produjo escritos reivindicando al tucumano. El libro es interesante, ya que muestra un aspecto poco conocido de Alberdi (quien tiene muchísimas cosas criticables, sobre todo su europeísmo). Y se vuelva más interesante aún ya que Ortega Peña y Luis Duhalde (quienes muestran en la obra una posición claramente pro rosista) hacen un aporte interesante remarcando las contradicciones de Alberdi. Si bien rescatan la valentía de Alberdi de volverse crítico de la política mitrista, dicen que Alberdi no puede ir más allá. Es decir: Alberdi marca sus recelos sobre el Brasil, pero omite mencionar el papel de la política británica (que fue quien operó para seccionar la Banda Oriental de las provincias. Buen libro para entender esa lamentable guerra y los enfrentamientos entre los próceres y su significado político.
“El peronismo: sus causas. Historia crítica de los partidos políticos argentinos V”. Rodolfo Puiggrós. Galerna, 166 p.
Con qué claridad y elevado (pero accesible) nivel teórico se expresa Rodolfo Puiggrós en este trabajo. Este libro es el tomo V de una obra general. Los otros volúmenes son: “Pueblo y oligarquía”, El Yrigoyenismo”, “Las izquierdas y el problema nacional” y “La democracia fraudulenta”. Puiggrós analiza las causas que dieron origen al peronismo, derribando los mitos esgrimidos por el antiperonismo de antes (parecido al de ahora). Pone en evidencia que la oposición al peronismo deformó los hechos para justificar su extravío y su derrota. Eso tiene que ver con la pertenencia a dos proyectos de país diferentes. Desde el vamos hubo quienes se nutrieron de las ideas europeizantes que eran denigratorias de la cultura nacional y sembrando su odio al caudillismo, descalificaron a una parte de la sociedad y de la historia argentina. El autor identifica: montoneras, política criolla, chusma yrigoyenista y descamisados (o cabecitas negras) del peronismo, como una manifestación de ese caudillismo, propio de la naturaleza de nuestra sociedad. Esos cuatro tiempos fueron descalificados por los europeizantes, porque en ello veían la “barbarie”. Dice el autor que Alberdi y Sarmiento “solo concebían la imitación del régimen de los colonizadores” (p.11). Los representantes del liberalismo europeo (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, etc) volcaron sus energías en terminar con el caudillismo, convirtiendo a la política en una cuestión de la elite poderosa. Es muy interesante el análisis que Puiggrós hace de la supuesta “indolencia” del gaucho (tantas veces mentida y esgrimida por quienes tenían una desprecio racial por el él y por el indio). El extravío y la falsificación de la historia que hicieron (y de la que bebieron) los partidos liberales de la Argentina (o sea todos antes de Yrigoyen y Perón) los llevó a continuar reflexionando dentro del campo de “civilización o barbarie”, y a estar mas preocupados por las formalidades institucionales que por la democracia real. De manera que cualquier cosa que corriera por fueras de los carriles “racionales” era descalificada y por eso mismo jamás comprendieron las causas que dieron origen al peronismo. Y luego tampoco comprendieron al peronismo. De manera que al no comprender la realidad nacional, desconocieron las contradicciones propias de nuestra sociedad y los conflictos de clase existentes en su seno y por ello pensaron en identificar un fenómeno particular con la etiqueta de las dictaduras europeas. Y planteando la dicotomía “democracias versus fascismo” (identificando al peronismo con este último) escondían las verdaderas contradicciones: Nación versus Imperialismo y trabajadores versus oligarquía. Luego aborda el autor cuestiones tan candentes (y actuales) como el papel del líder (quien se debe a la masa y no la dirige automáticamente): “Es creado y creador” y dice que se equivoca aquel que “divorcia al líder de las causas sociales que lo engendraron y desconoce que el liderato lo es en la medida de su reconocimiento por la sociedad o una clase o agrupamiento social”. Historia luego la pérdida de representatividad de los “partidos obreros” en tanto priorizan la política exterior antes que la nacional y como su éxito gremial se diluyó con sus erróneas acciones políticas. Finalmente cuestiona a la partidocracia que nucleó a conservadores, radicales, comunistas y socialistas en contra de las masas trabajadoras. También realiza una análisis crítico del peronismo, señalando su falta de teoría revolucionaria, pero excusándolo por esto ya que sus adversarios tampoco generaron una y combatieron a quienes encarnaban la práctica revolucionaria concreta.
Un muy buen libro que esclarece en pocas páginas lo que muchos no han comprendido en décadas.