Orígenes del feudalismo
Hacia el siglo III, el Imperio romano entró en una profunda crisis política y económica. El desmesurado crecimiento del Imperio fue causa de su triunfo y su derrota. Al extenderse tanto los dominios, la autoridad central se fue disgregando entre los administradores locales, lo que generó numerosos enfrentamientos por el poder. Pero además las invasiones de los “bárbaros” (específicamente los pueblos germánicos) acosaban las fronteras del Imperio. Muchos de estos guerreros germanos se incorporaron finalmente ente al ejército romano y recibieron tierras a cambio de sus servicios. Hacia el siglo V, los pueblos germánicos acosados por los hunos se vieron obligados a invadir definitivamente el imperio romano de Occidente. Roma fue ocupada en el año 476, marcando (para los historiadores) el fin de la Edad antigua y el comienzo de la edad Media. El Imperio de Oriente, sin embargo, sobrevivió mil años más.
La ocupación del imperio romano de Occidente por parte de los germanos fusionó dos culturas. Surgieron nuevas unidades políticas que fueron llamadas “reinos romano germánicos”. En ellos se  sintetizaban ambas visiones y culturas: la tradición administrativa de los romanos, su visión imperial, sus políticas económicas, la arquitectura y la escultura; los germanos aportaron su idea de “realeza”, el uso de la caballería en las operaciones militares y otras relaciones personales de dependencia; todo lo cual fue el molde en el que se comenzó a desarrollar la era medieval.

Los señores
Hacia el siglo IX el Imperio carolingio se desintegró en coincidencia con las nuevas invasiones de pueblos extranjeros sobre Europa. Desde el norte avanzaron los vikingos, desde el Este los húngaro y desde el sur (norte de África) los árabes, llevando adelante una guerra expansiva en nombre de la religión islámica. Ante la decadencia de las ciudades, la población se fue trasladando al campo. Los reyes necesitaron del auxilio militar de duques y condes, quienes a cambio recibieron tierras (“feudos”). Esto aumentó el poder de los señores locales, quienes brindaban protección a los campesinos que trabajaban en sus tierras. De manera que el poder central se fue diluyendo y en cambio surgieron con más fuerza los “señoríos”. Los señores feudales vivían en castillos ubicados en las mejores tierras. Dentro de los “límites” del señorío, los campesinos trabajaban cultivando y fabricando artesanías que brindaban todo lo necesario para la vida.

Los estamentos sociales
Si bien en la cima de la sociedad se hallaba el rey, este ejercía un poder lejano. El siguiente lugar en los estamentos sociales lo ocupaban los nobles laicos. Estos eran los señores, propietarios de grandes tierras. Su ocupación fundamental era la guerra. Esto les estaba reservado a ellos porque podían costearse sus armaduras y su entrenamiento y caballos. Dentro de la “nobleza” existían diferencias según la actividad que desarrollaban. Lo señores laicos estaban dedicados a la guerra y los señores del clero eran los que oraban. La Iglesia se hallaba a nivel de la nobleza y poseían tierras y poder político. Eran también señores en la práctica. Al poseer una elevada educación respecto del resto de la sociedad, fueron quienes mediante la religión legitimaron el orden social existente. Es decir; las diferencias sociales eran “inevitables” y debían ser así. La Iglesia argumentaba que había tres órdenes: los que oran (la Iglesia), los que pelean (los señores) y los que trabajan (campesinos).
En el penúltimo escalón de la pirámide social se hallaban los campesinos libres, quienes podían cultivar las tierras, pero no eran sus propietarios. En realidad pagaban un tributo (algo así como un “alquiler”), al señor feudal por la utilización de sus campos. Ese tributo consistía en parte de las cosechas.
Finalmente, en el estamento más bajo de la sociedad estaban los siervos (de origen esclavo)  quienes eran propiedad del señor feudal. Incluso, a la hora de moler trigo (por ejemplo) el señor feudal los obligaba a utilizar su molino, para lo cual debían tributar una parte de la molienda. Pero, además de las obligaciones económicas, los siervos  estaban sometidos a la autoridad del señor feudal y a la supervisión de su propia vida privada por parte de aquel. Todos los acontecimientos de la vida civil de los siervos estaban bajo la órbita del señor feudal: casamientos, nacimientos, problemas familiares, etc. Las diferencias entre campesinos libres y siervos fueron desapareciendo hacia el siglo XI cuando ambos quedaron bajo la autoridad completa del señor feudal. Los campesinos fueron entonces “siervos”, pues estaban en condiciones de servidumbre respecto de su “señor”.
De modo que pude decirse que en la sociedad feudal existían tres sectores sociales. En lo mas alto la nobleza, integrada por el clero y lo señores feudales. Y en lo más bajo el campesinado y los siervos.

El vasallaje
Entre los señores se establecieron relaciones de vasallaje. Esto era un compromiso por el cual un señor brindaba a otro su protección y un feudo (tierras) para ser labrado por campesinos. A cambio de esto, el vasallo, se comprometía a socorrerlo en situaciones de peligro en las que el señor requiriera su ayuda. Un vasallo a la vez podía ser señor de otros vasallo de riqueza menor y así sucesivamente, por lo cual se conformaba una extensa red de lealtades y fidelidades en forma piramidal.

El papel de la Iglesia
El cristianismo fue adoptado como religión oficial del imperio romano en el siglo V. A partir de allí la Iglesia católica cobró una importancia política enorme. Fue la encargada de legitimar el orden social basándose en la interpretación de las sagradas escrituras. También sirvió a esto la mentalidad de la época, sumamente supersticiosa. La Iglesia tenía posesiones y en la práctica actuaban como señores feudales. Tenía ciertas prebendas, como un derecho propio para sus clérigos. Además entre los siglos XI y XIII llevó adelante guerras de religión contra oriente (Islam) conocidas como “Cruzadas”. Estas guerras buscaban tanto reafirmar la fe religiosa como lograr penetrar en los territorios sagrados bajo la órbita islámica, y además sirvieron como punta de lanza para expediciones comerciales. Triunfaron más en lo segundo que en lo primero, aunque hacia el siglo XV lograron expulsar a los musulmanes que habían ocupado España durante siete siglos.

Las ciudades, los burgos y la burguesía.
Hacia los siglos IX y X cesaron las invasiones de pueblos extranjeros sobre Europa. Esto brindó mayor seguridad a los campesinos, lo que generó un aumento de la población. Las nuevas técnicas de cultivo (rotación bienal, arado de ruedas, la utilización del caballo y el molino) hicieron que las poblaciones crecieran y fueran dirigiéndose a otros lugares, conformando núcleos poblacionales numerosos en las ciudades. Allí concurrían los artesanos y comerciantes a vender sus mercancías. Los artesanos tenían pequeños talleres. Los artesanos se fueron reuniendo según la rama de actividad, dando origen a los “gremios” o “corporaciones” medievales a fin de defender los precios de sus productos. Las ciudades se hallaban amuralladas y vigiladas desde una torres de piedra (burgo), de ahí que al los habitantes de las ciudades se les llamara burgueses.
Entre los siglos XI y XIII hubo un gran crecimiento de la población y el desarrollo de nuevas técnicas agrícolas (arado de vertedera). Los señores exigieron mayores tributos a los siervos y estos debieron buscar nuevas tierras para la labranza. Esto mismo fue apoyado por los propios señores feudales, ya que al tener sus tierras ocupadas y trabajadas por los campesinos, mejoraban sus riquezas por medio de los tributos. Esto trajo consigo el florecimiento de las ciudades amuralladas. Los “burgueses” eran los encargados de proveer de artículos de lujo a las cortes señoriales. Así, mediante su actividad mercantil, estos burgueses ponían a disposición de la nobleza las sedas, lanas y especias traídas desde tierras lejanas. 
Esos artesanos y comerciantes fueron adquiriendo riquezas y lograron independizarse de los señores feudales. Algunos consiguieron su libertad comprándola. Otros con la anuencia de los reyes, lograron carta de privilegio, por las cuales el rey los autorizaba a gobernar las ciudades. Surgieron así los concejos o comunas en manos de las familias más ricas de las zonas urbanas.

Crisis del feudalismo
El feudalismo entró en crisis hacia l siglo XIV, cuando el agotamiento de la tierra, las malas cosechas por cambios climáticos y la propagación de enfermedades, diezmaron a la población. Est redujo la mano de obra en los campos. Ante esto los señores feudales aumentaron los tributos exigidos, lo que trajo el descontento y las protestas de los siervos y campesinos. Muchos siervos huyeron a las ciudades. Frente a ello, los señores decidieron entonces establecer un nuevo “contrato” de trabajo. Surgieron así los campesinos asalariados, quienes recibían un pago en dinero por su trabajo ya que los siervos no alcanzaban par las tareas agrícolas. Poco a poco se fue debilitando la autoridad de los señores y aumentando la de los reyes (centralización del poder).
En tanto, las ciudades fueron creciendo en población que iba en busca de alimento en medio de las hambrunas.
La nueva organización de la producción rural se orientó hacia el comercio, lo que aumentó la importancia de la burguesía. Muchos de los hombres que habían emigrado a las ciudades se emplearon en los talleres de los artesanos.  La burguesía fue reclamando una menor rigidez en el manejo del comercio y en esto fueron apoyados por las monarquías, quienes de esa manera fueron minando el poder de los señores locales. 
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El feudalismo
Fue un sistema económico, político y social que tomó forma en Europa y se consolidó a partir del siglo XI. Una de las características de este sistema fue la fragmentación del poder político. En este sistema, el Estado esta atomizado y no centralizado. La autoridad inmediata era el señor feudal. Si bien existían reyes, estos no eran más que señores, con dominios y prebendas, pero de influencias efectivas limitadas. El poder político residía en los señores locales, dueños de grandes extensiones de tierras. Tenían poder económico y militar y defendían su carácter “noble” como hereditario, por lo cual solo se podía ser parte de la nobleza por cuestiones de sangre.
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