El radicalismo: 1916 / 1930

Los orígenes del radicalismo se remontan a 1889, cuando el 1º de septiembre se realiza una concentración opositora al régimen de Juárez Celman, en un acto realizado en el Jardín Florida. 1890 es la fecha en que surge la Unión Cívica. Esta heterogénea agrupación política nació como forma de lucha contra el fraude y la corrupción, pero al ser tan amplia tenía en su interior tendencias irreconciliables. Las principales figuras que lideraban esta agrupación eran Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem. Uno representaba a los herederos del viejo unitarismo, gente de dinero, terratenientes, gente “distinguida” como se les llama. Detrás de Alem estaban los que habían sido federales, los sectores económicamente más bajos de la sociedad, ex alsinistas.

En 1890 estalla un levantamiento contra el gobierno. El movimiento revolucionario es parte de la lucha por el poder, ante los rumores de que Juárez Celman (presidente) iba a dejar el sillón a Ramón Cárcano. Finalmente este levantamiento fue sofocado por Pellegrini (vicepresidente, quien quedaría a cargo del gobierno hasta finalizar el mandato en 1892).

En 1891 la Unión Cívica sufriría una división, con motivo de la elección de la fórmula presidencial con vistas al comicio de 1892. La convención consagra la fórmula Bartolomé Mitre - Bernardo de Irigoyen.  Esto generó gran convulsión en el sector más rebelde de la Unión Cívica. Hipólito Yrigoyen que comenzaba su ascenso dentro del partido, rechaza esta fórmula (es antimitrista) y se niega a apoyar la campaña. Roca propone entonces a Mitre un acuerdo y ofrece concurrir juntos al comicio: Mitre por la U.C y Roca por el PAN, sumando ambas fuerzas.

La Unión Cívica se dividió en dos sectores: hubo un grupo que transó con Mitre (representante del liberalismo antinacional y que a su vez había transado con Roca una fórmula conjunta), fundando la Unión Cívica Nacional, y por otro lado estaban los que se negaban a negociar: los radicales (es decir los que querían cambios de “raíz”). Estos últimos se nutrieron del ala más popular del partido (incluidos los herederos del viejo federalismo). Entre los principales dirigentes de esa fracción estaba Yrigoyen.

Finalmente en 1892 Roca descolocó a Mitre al enemistarlo con el sector “radical” de la Unión Cívica. Mitre renunció a su candidatura y Roca logró imponer a Luis Sáenz Peña. Luego de estos episodios internos  irá creciendo la figura de Hipólito Yrigoyen, sobrino de Alem, quien empieza a ganar renombre dentro de las filas de la popular Unión Cívica Radical. En 1893 Yrigoyen encabeza un alzamiento en la Provincia de Buenos Aires. Será derrotado, pero su nombre irá ganando prestigio entre el pueblo bonaerense. En 1896 Alem, Que había ido perdiendo poder dentro del partido a manos de su sobrino Hipólito, decide quitarse la vida y así lo hace el 1º de julio. La situación económica del país revelaba su dependencia: la industria (la que se insinuaba, porque Argentina era una granja) estaba mayormente dominada por extranjeros. Los trabajadores de talleres y fábricas trabajaban en condiciones lamentables (incluyendo a niños en sus tareas). La mayoría de los trabajadores industriales eran extranjeros, mientras el trabajador argentino era mayormente requerido en el campo.

La agitación política terminó por forzar la implantación del voto universal, secreto y obligatorio. Luego de implantada la ley Sáenz Peña, (voto secreto y obligatorio para la población masculina, en 1912) que abrió un espacio a la participación mayoritaria de la población, quedó claro que el radicalismo era la fuerza más popular. Don Hipólito venía actuando en política enfrentando al “Régimen” (elite gobernante y su fraude) desde hacía mucho tiempo y ya había encabezado un par de alzamientos populares contra el fraude electoral.

Yrigoyen asumió la presidencia (por primera vez) en 1916, luego de una aplastante victoria sobre el Partido Conservador. Su llegada al gobierno significó un enorme avance político y social del pueblo, en especial de los sectores tradicionalmente más postergados de la sociedad. Yrigoyen identificó a su partido como “la causa” que enfrentaría al “régimen”. La causa radical era la causa del pueblo postergado. Yrigoyen le declaró la guerra a la elite gobernante y a todo el aparato montado por ella. Ese enfrentamiento lo había definido años antes en una contundente frase; “ustedes son la razón de ser de nosotros”[1]. El radicalismo era un movimiento popular (en particular el yrigoyenismo, verdadero fenómeno social) y en sus filas convivían varios sectores sociales. Aunque su identidad partidaria no pertenecía a una sola clase, estaba más emparentada con la franja media y baja, es decir, pobre. El radicalismo se componía de parte de los trabajadores de la ciudad, del conurbano bonaerense y del interior del país; de las clases medias que habían quedado fuera del fraude conservador y de los arrendatarios de pequeñas porciones de tierras. Y si bien Yrigoyen no se propuso una industrialización del país, al menos buscó repartir mejor los ingresos de la renta agraria y democratizar más a la sociedad, terminando con el fraude. Esto le valió la enemistad de los sectores más reaccionarios de la oligarquía y de las fracciones “ilustradas”. También fue combatido por el Partido Socialista de Juan B. Justo. A tal punto llegaba la ceguera que cuando, en 1927, un proyecto del yrigoyenismo para nacionalizar el petróleo fue puesto en debate, el socialismo se opuso porque decía que eso iba a convertirse en “un monopolio a la criolla”[2].El odio que los grandes propietarios sentían por el radicalismo (y en especial por los yrigoyenistas) se manifestaba en las declaraciones de desprecio racial. El diario La Nación era la voz de la oligarquía (antes y ahora): “Se entregó en cuerpo y alma a cultivar el favor de las masas menos educadas en la vida democrática, en desmedro y con exclusión deliberada y despectiva de las zonas superiores de la sociedad y de su propio partido; y aun dentro de otras clases sociales, con el único objetivo de la conquista de votos”[3].  El legendario caudillo radical asumió el 12 de octubre de 1916. La muchedumbre reunida en la Plaza de los dos Congresos desenganchó los caballos del carruaje que lo transportaba y lo llevó a pulso por la Avenida de Mayo. El Secretario del Senado, un hombre del régimen que se iba, describió la asunción de Yrigoyen diciendo: “Parecía el carnaval de los negros...Hemos calzado el escarpín de baile durante tanto tiempo y ahora dejamos que se nos metan en el salón con bota de potro”[4] Yrigoyen vino a constituir un verdadero acto de justicia histórica para los más postergados, tal como lo expresó: “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar[5]. La mayoría de los conflictos laborales se resolvían a favor de los obreros. La economía argentina reposaba sobre la renta diferencial (es decir, la capacidad de producción de los campos argentinos con baja inversión y escasa necesidad de mano de obra, gracias al excelente suelo y el clima ideal del país, único en el mundo). Yrigoyen mantuvo la neutralidad durante la primera guerra y desarrolló una política internacional independiente, oponiéndose al liderazgo de Estados Unidos. El radicalismo yrigoyenista venía a poner justicia. A incluir a los excluidos y en general a todos aquellos que quedaban relegados por la oligarquía. Por eso a Yrigoyen lo apoyaron desde distintos sectores sociales. Fundamentalmente, Yrigoyen buscaba darle y devolverle sus derechos cívicos a la gran masa que no participaba en política debido a las trampas oligárquicas. El error que se le puede apuntar a Yrigoyen es haber respetado demasiado las formas legales y no haber desalojado de la Corte a los jueces, que eran la garantía del estado oligárquico.

En ocasión de la primera guerra mundial no faltaban los nabos que querían mandar tropas a morir en la guerra europea, completamente ajena a nosotros. Yrigoyen empieza a ser llamado “El Peludo”, apodo puesto por Francisco Uriburu director del diario conservador La Fronda y primo del general golpista. Le habían puesto el Peludo, “aludiendo a que Yrigoyen nunca salía de su “cueva” (su modesta casa de la calle Brasil 1039)”[6]. El periódico La Fronda (1919) era un órgano opositor a Yrigoyen y a su política “permisiva” con los obreros. El escritor, Alberto Gerchunoff decía: “Si nuestro gobierno no nos coloca del lado de la civilización...habrá llegado el momento de hacer algo en el país que pruebe que somos dignos no de la misericordia actual, sino de la amistad de las naciones empeñadas grandiosamente contra la barbarie de Prusia”[7]. Es decir, que todo el aparato de la oligarquía quería presentar a Yrigoyen como amigo de Alemania y enemigo de la “civilización”. Todos esos amargos querían obligar a Yrigoyen a meter a Argentina en una guerra ajena. En realidad era la oportunidad de aprovechar la debacle imperialista. En uno de sus varios actos de grandeza histórica Yrigoyen condonó la deuda que Paraguay tenía con Argentina, producto de la infame Guerra de la Triple Alianza. En otra ocasión ordenó el saludo a la bandera dominicana, país invadido por los yankis.

La reforma universitaria fue otro de los grandes legados de Yrigoyen. En Córdoba convivían el conservatismo y el modernismo. “Los cursos de Medicina se realizaban por medio del arte oratorio: ni hombres vivos o muertos, ni siquiera animales; la Patología se impartía sin enfermos”[8]. La Reforma impulsada por Yrigoyen era parte de su idea de democratizar la vida argentina. El reducto universitario seguía en manos de la oligarquía y pronto Yrigoyen impulsó a la juventud a lograr lo que la Ley Sáenz Peña había logrado en el resto de la sociedad: mayor participación de las clases bajas. La Reforma Universitaria Argentina tuvo un profundo sentido americanista. Había una vocación de conformar un frente junto a la clase obrera. Perú fue uno de los exponentes de la influencia de la Reforma. La caída posterior de Yrigoyen, y la burocratización del radicalismo a manos de los alvearistas, terminaron por quitar fuerza a esa reforma y las cosas volvieron a su estado anterior. La Reforma quedó vaciada de todo contenido nacional y democrático. Tanto que la F.U.A. (Federación Universitaria Argentina) será uno de los sectores que años mas tarde aprobará el golpe de Estado contra Yrigoyen. El socialismo de Justo y Repetto se opuso tenazmente a la reforma. Dentro del radicalismo, la línea antipersonalista, cargaba duramente contra Yrigoyen, como era el caso de Benjamín Villafañe: “el señor Yrigoyen no es ni loco ni perverso: sino un ser primitivo, poco evolucionado”[9] 

 

La Semana Trágica (enero de 1919)

El 2 de diciembre de 1918 estalló un conflicto en el taller metalúrgico de Vasena. El propietario pretendió romper la huelga infiltrando “carneros”[10]. Los huelguistas quisieron evitar la entrada de los traidores, pero fueron baleados por la patronal. El abogado de la firma Vasena era el radical antipersonalista Leopoldo Melo. La patronal contó con el auxilio de la ultraderechista Asociación del Trabajo que junto a elementos policiales produjo la represión. Entre los grupos parapoliciales estaban los muchachos “bien”, entrenados por Domecq García y O’connor. A ellos se les sumó un grupo que más tarde se llamaría Liga Patriótica, comandado por Manuel Carlés. La policía estaba enojada con Yrigoyen a raíz de un episodio de represión en una huelga de portuarios. “Enterado Yrigoyen de esa incidencia, dispuso la inmediata suspensión de sus funciones del oficial a cargo de las fuerzas, al que ordenó se le aplicara un severo castigo disciplinario”[11] La brutal represión de la Semana Trágica tendría que ver con eso. “Las bandas de la canalla patriótica y patronal se lanzaron los días 8 y 9 a atacar los barrios judíos de la capital. ¡Eran liberales, demócratas oligárquicos del Barrio Norte, los mismos que serán antiyrigoyenistas y antiperonistas, los que realizaron el primer pogrom en la vida argentina!”[12]. Allí pueden rastrearse los orígenes del nacionalismo oligárquico. Los constantes levantamientos de obreros en la Patagonia hacían estallar la bronca de los gorilas en el diario La Concordia, quienes quejándose decían: “La libertad en que se deja a los agitadores y delincuentes, el desorden permanente y fecundo que se tolera en los territorios, la impunidad en que allí quedan los bandoleros y los ácratas para asaltar la propiedad y coartar la libertad de trabajo”[13]. Esto da la pauta de que Yrigoyen no ejercía la represión como método. Fue la reacción de los conservadores lo que provocó las mayores desgracias sufridas por los obreros. Los conservadores acusaban a Yrigoyen de haber: “mirado con extremada indulgencia a los delincuentes, especialmente a los delincuentes contra el orden social, indultándolos en masa, ha tolerado los excesos huelguistas contra la propiedad privada, sin perseguir a los autores con el rigor de la ley”[14]. Se equivocan los pocos que creen que Yrigoyen actuó metodológicamente en forma violenta contra lo obreros. En general las huelgas se resolvían siempre a favor de los trabajadores. Yrigoyen no hizo de la represión un sistema ni nada parecido. Los crímenes contra los obreros tuvieron que ver con sectores reaccionarios alentados desde afuera y con grupo formados directamente fuera del gobierno como los encabezados por Manuel Carlés.

Incluso en los episodios conocidos como Patagonia Trágica (donde fueron asesinados 1.500 obreros entre 1921 y 1922), los crímenes fueron cometidos por los funcionarios policiales y los grupos para policiales, sin tener en cuenta la opinión del gobierno nacional. Entre los principales asesinos se hallaba el coronel Varela. Entre los grandes explotadores estaban los Braun - Menéndez Behety, Bridges y Reynolds. Los estancieros aportaban sumas de dinero para la represión de los obreros rurales a quienes tenían sumidos en la miseria absoluta. De todos modos, le cabe a Yrigoyen la responsabilidad política de no haber investigado los hechos y castigado a los culpables de los crímenes, por lo que los hechos enunciados han dejado sobre el radicalismo y su gobierno una mancha de sangre.

Al aproximarse el fin de su mandato Yrigoyen se inclinó por Marcelo T. de Alvear para la próxima elección presidencial. El vice sería Elpidio González, de confianza del caudillo. De esta manera Yrigoyen simplemente buscó que Alvear hiciera un gobierno sin sobresaltos y que le cuidara el sillón hasta su reelección... Yrigoyen ya había señalado a Alvear como su candidato a sucederlo en el gobierno. Sabía de los contactos de Alvear en el sector terrateniente (provenía de una familia de esas) y además lo creía incapaz de hacer algún desarreglo importante, aunque tampoco hiciera un gobierno brillante. Alvear fue presidente del Jockey Club por varios años. Era el comienzo de una etapa sumamente frívola (los “años locos”). El capitalismo vivía su fiesta, por supuesto el capitalismo europeo, y sus alcahuetes en las colonias, las oligarquías locales, despilfarraban el dinero de todo el país en objetos de lujo.

En las elecciones de 1922 el radicalismo, con Alvear como candidato obtiene el 47,75 % de los votos. Tras la salida de Yrigoyen y la entrada de Alvear, el partido radical se divide entre alvearistas (antipersonalistas, más cerca del conservadurismo y de la oligarquía) e yrigoyenistas (nacionales populares, trabajadores). El resultado de esta división fue el triunfo del socialismo, que pudo obtener una banca en el senado para Juan B. Justo (1924). Esa división en el radicalismo daría lugar al ya famoso “contubernio”, derivado de la unión de conservadores, demócrata-progresistas, antipersonalistas y socialistas. Las arcas de la Tesorería Nacional estaban llenas debido a las buenas cosechas y exportaciones y por eso Alvear se podía dedicar a asistir a cuanta fiesta y cóctel hubiera, sin descuidar por supuesto las inauguraciones de monumentos. Durante el gobierno de Alvear se redujeron los cánones aduaneros para el azúcar, la leña y el papel de obra. Se inundó el mercado argentino de productos importados. Todo el manejo económico estaba a cargo de las compañías extranjeras. El ferrocarril cubría una inmensa área económica. En tanto en Europa, hacia 1922, la reacción encabezada por terratenientes sureños e industriales norteños dio como fruto a Mussolini, quien se alió con la clase media y el estudiantado para combatir a los obreros y cualquier intento de socialismo.  (continuará, último aporte 25/03/08)    


 

[1] En “La causa radical” contra “el régimen conservador”, de Norberto Galasso, p.10; extraído    del libro “Vida de Hipólito Yrigoyen”, Manuel Gálvez, Edit. Tor, Bs. As., pag. 61

[2] José Maria Rosa. Historia argentina. Tomo X. El radicalismo (1916 – 1930). Editorial Oriente  

  S.A., Buenos Aires, 1977, p. 307

[3] Jorge A. Ramos Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I, 1810 – 1922, p.

   458

[4] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.422

[5] Historia argentina. Tomo X. El radicalismo (1916 – 1930), op. cit., p. 16

 

[6] Historia argentina. Tomo X- El Radicalismo. J. M. Rosa Editorial Oriente S.A., B. Aires, 1976, p. 29

[7] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.427

 

[8] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.442

[9] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.449

[10] Se llama así a los obreros que trabajan pese a la huelga decretada

[11] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.452

[12] Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I p.452

[13] La Concordia, 6, 1921, en La derecha argentina Rock, Deutsch, Rapalo, Dolkhart, Lvovich, Walter, Senkman, Lewis. Javier Vergara Editor, Avellaneda, 2001. p.137

[14] Matías Sánchez Sorondo, en Diario de sesiones de la Cámara de Diputados, en Documentos de Historia Argentina (1880 – 1955), p. 70