Las ideas de izquierda en Argentina
Las izquierdas
En general se puede decir que una posición política de izquierda es aquella que tiene como objetivo el cambio social del sistema y su reemplazo por un sistema equitativo y solidario. A partir de aquí puede decirse que existe un amplio arco dentro lo que se denomina izquierda. Siempre en relación al sistema capitalista, los socialdemócratas buscan la modificación del sistema capitalista mediante reformas parlamentarias (es decir desde dentro mismo del sistema), los comunistas en cambio descreen de ese proceso reformista y apuntan a un cambio revolucionario, que necesariamente debe ser violento para destruir la estructura de poder existente (Estado) y reemplazarlo por otro de corta duración hasta llegar a la sociedad sin clases. El anarquismo básicamente propone una sociedad sin autoridad aunque no explicitan como se lograría ello (esta es la crítica mas fuerte de Lenin al anarquismo). Dentro de los sistemas socialistas, las posiciones de izquierdas buscan evitar la burocratización (Trotsky frente a Stalin por ejemplo).
Izquierdas en Argentina
En nuestro país, el surgimiento de las agrupaciones de izquierda no se dieron como resultado natural de los procesos sociales existentes, sino que tuvieron su origen en la inmigración. “La ideología de izquierda no surge de la infraestructura económica del país, sino que es importada desde Europa por inmigrantes que, en muchos casos, llegan huyendo de la represión burguesa en razón de su militancia política”1. Los miles de trabajadores que llegaron a nuestro país venían huyendo de la represión en Europa. Al arribar a nuestro país volcaron aquí sus ricas historias de militancia política y experiencias sindicales, pero todavía desvinculados del resto de la población nativa y dentro de sus propios “colectivos” sociales. Algunos se agruparon en la zona del litoral conformando la “pampa gringa” dedicándose a tareas agrícolas, otros derivaron en las ciudades más grandes dando forma al incipiente proletariado urbano. A partir de 1860 se empiezan a difundir en pequeños pasquines o periódicos las ideas de corte socialista, de modo que llegaron a editarse periódicos o folletos en los idiomas de origen (alemán o francés) de aquellos trabajadores, reflejando los sucesos de Europa. Más adelante, será llamativo que los partidos “obreros” de aquellos tiempos estuvieran dirigidos por intelectuales y hombres de clase media y no por obreros. De hecho la primera celebración de 1º de mayo (en 1890) fue convocada para recordar a la Comuna de París y no se mencionaba la realidad nacional. Al no compenetrarse con la historia nacional, los planteos que en Europa eran revolucionarios, aquí terminan haciéndole el juego a la elite gobernante. Entonces en vez de adaptar las ideas a la situación social y a las condiciones económicas locales, recorrieron el camino inverso, buscando que los trabajadores argentinos se adaptaran a premisas teóricas nacidas en otras condiciones sociales e históricas. La idea de que el capital extranjero era factor de desarrollo resultaba adverso a la incipiente y débil industria nacional. En Europa el capital ya estaba desarrollado y se había transformado en Imperialismo, buscando mercados nuevos e iniciando la carrera colonialista. Nuestra economía estaba basada en la producción primaria haciendo las veces de granja del imperio británico.
Los obreros que llegaron a nuestro país comenzaron a agruparse según sus nacionalidades de origen. Por eso fue que demoraron en tomar contacto directo con los trabajadores nativos, y esto será un obstáculo que a lo largo de la historia jugará en contra del crecimiento de la izquierda en nuestro país. Entre 1872 y 1887 surgen la “sección francesa”, el Club Alemán “Worwarts”, el “Fascio del Lavoratori” que nucleaba a los trabajadores italianos, entre otros grupos. Pero desde el vamos se halla ausente la cuestión nacional. De manera que el “internacionalismo” abstracto de la izquierda le hace el juego al “universalismo” oligárquico, que no es otra cosa que la justificación de la sumisión de nuestra economía al Imperio Británico. En ambos casos la “política criolla” (como se bautizará despectivamente a la cuestión nacional) no interesaba ni a una ni a otra tendencia. Paradójicamente ambas sectores políticos defendían el libre comercio (la izquierda por la baratura de las mercancías, la oligarquía para “comprarle a quien nos compra”). Esto aplastaba el surgimiento industrial propio y condenaba a la Argentina a ser un país agroexportador. Y peor aun es que tanto la oligarquía y sus escribas como la creciente izquierda se movían ideológicamente dentro del esquema de “civilización y barbarie”, que no era (y es) otra cosa que la excusa de la elite para legitimar el sometimiento de los sectores populares nacionales.
Las primeras décadas del siglo veinte el papel preponderante los tendrán los anarquistas por su gran acción combativa. Luego se consolidarán el partido Socialista y el partido Comunista. Estos dos partidos eran absolutamente urbanos. En relación a los trabajadores se puede decir que la sindicalización era baja. Durante la década infame, la crisis creó un ejército de desocupados y el ya débil sindicalismo perdió fuerza.
Hacia los años cuarenta, con el surgimiento del peronismo, se da una gran transformación en la izquierda. Por un lado al incorporarse mayor población nativa a la actividad industrial se produce un cambio en las filas obreras, que van volcando su apoyo a un programa de liberación nacional como el peronismo. Las conducciones socialistas de los sindicatos pasan a ser peronistas. Por otra parte, las dirigencias socialistas y comunistas revelan su carácter
"clasemediero" al incorporarse a la Unión Democrática junto a conservadores y liberales y recluirse en el formalismo republicano, separándose de los trabajadores reales y caminando junto al embajador norteamericano. Ese grave error le costaría a la izquierda su pérdida absoluta de influencia desde entonces y hasta la actualidad en la clase trabajadora. Ambas corrientes prestarán apoyo al golpe de 1955. A partir de allí será la conducción socialista la que preste apoyo a la “revolución libertadora”, mientras el comunismo tendrá un acercamiento (a nivel de bases) con los peronistas de la resistencia.
En los años 60 y 70 una serie de cambios a nivel mundial (Revolución Cubana, Vietnam, Mayo francés) influirán notablemente sobre un sector de la clase media que se volcará a posiciones revolucionarias. En el marco de la democracia restringida que se vivía en nuestro país (gobiernos vigilados por militares o dictaduras militares directamente) la resistencia obrera irá creciendo (huelgas, sabotaje a la producción) y también la resistencia política (voto en blanco, apoyo peronista a Frondizi, voto en blanco, etc). Ante la proscripción de las mayorías, la represión y la inestabilidad política, la vía de la lucha armada se presenta como la salida a esa situación. Se conformarán dos grandes grupos guerrilleros (más allá de la existencia de otras agrupaciones menores). A nivel sindical, los más combativos se agruparon en la CGT de los Argentinos (1968-1972), cuyas figuras principales serán Agustín Tosco y Raimundo Ongaro. Por otra parte, Montoneros buscará integrarse al peronismo, mientras el ERP será crítico con ese movimiento,
pero tendrá una base teórica más sólida. Montoneros será más popular debido a su inserción en el peronismo y a su lucha por el retorno de Perón. En 1972 la dictadura de Lanusse masacró a 16 militantes de esas organizaciones en la Masacre de Trelew.
El regreso de Perón será por un lado la victoria de las grandes mayorías y a la vez dejará sin discurso a las organizaciones armadas, preparadas para luchar contra la dictadura, que quedaron descolocadas ante el retorno a al democracia. Perón se enfrentará con Montoneros y se volcará sobre el sector derecho del movimiento (burocracia sindical). El enfrentamiento entre sectores internos del peronismo (y externos) llevará a un callejón sin salida, debilitando el frente nacional que históricamente había sido el peronismo. La muerte de Perón quita al elemento aglutinante del movimiento y entonces el sector más reaccionario del gobierno de entonces (López Rega)
acentúa un proceso de represión ilegal (Triple A) en contra de la izquierda peronista
y no peronista. Por otra parte, lo errores tácticos de las conducciones guerrilleras serán
provocarán su aislamiento político, dejando de lado la política de masas por un creciente militarismo. Todo esto será aprovechado por los sectores reaccionarios del ejército (Videla, Massera y Agosti) quienes derrocarán a Isabel Perón en 1976 dando inicio a la dictadura más sangrienta de nuestra historia. No obstante eso, el “socialismo” aportará a Ghioldi como embajador en Portugal de la dictadura de Videla. La dictadura impondrá un plan económico de entrega y un mecanismo de represión
ilegal que dejará como saldo miles de muertos, torturados, desaparecidos y niños
a quienes les cambiaron su identidad.
Con el retorno a la democracia la izquierda se reconvierte. Los puntos más salientes son el Partido Intransigente (Oscar Alende) y el Partido Comunista (Rúbens Iscaro). Sin embargo las múltiples divisiones internas y las alianzas transitorias atomizarán a la corriente. Con la llegada de Menem la izquierda logra canalizar parte del descontento general, llegando a su punto máximo en la marcha del No, con cerca de 50.000 personas en Plaza de Mayo, siendo en este período el M.A.S. (Movimiento al Socialismo) el partido mas activo. Pero nuevamente las divisiones internas debilitarán a las agrupaciones. Con la agudización de la crisis que deja el neoliberalismo, las agrupaciones de izquierda lograron canalizar el descontento de grupo piqueteros y de trabajadores desocupados, pero nuevamente la fragmentación les quito fuerza a la hora de las elecciones.
Anarquistas
¿Quiénes eran los anarquistas en nuestro país? Se puede decir que, en Europa, fue el artesanado a punto de sucumbir frente al crecimiento industrial y que corría el riesgo de perder sus medios de producción proletarizándose. Fue la corriente de izquierda que mas tempranamente desarrolló su actividad de protesta. Más allá de su preocupación por la situación europea (debido a su origen inmigrante), el anarquismo también se ocupó de la situación de los obreros argentinos. En 1901 esta corriente se constituyó como la F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina). Fueron los anarquistas quienes iniciaron la primera sindicalización de trabajadores. Incluso las primeras leyes obreras se debieron a la lucha y la prédica de los anarquistas. Y fue esta corriente la más perseguida en las primeras décadas del siglo veinte. Recordemos los crímenes de la primera y la segunda semanas Trágicas (1909 y 1919) y las matanzas en la Patagonia (1921-1922). En la historia de las principales fuerzas de izquierda argentina deben señalarse al Partido Socialista y al partido Comunista. Hacia 1930 el anarquismo fue perdiendo preponderancia ante el crecimiento de socialistas y en menor medida de comunistas, quienes van desplazando al anarquismo del ámbito sindical.
El Partido Socialista
Esta agrupación nace liderada por un doctor y no por trabajadores. Se trata del partido creado y liderado por Juan B. Justo. Proveniente de una familia acomodada, su interés por las cuestiones sociales están relacionadas a su actividad como médico. Sin embargo su actitud hacia la realidad argentina va a ser sumamente negativa. Sus formación ideológica positivista y de tintes racistas, lo ubicaron lejos de las masas populares. A nivel internacional se ubica en el sector socialdemócrata (tan criticado por Lenin). Será defensor del librecambismo, cosa que lesionaba seriamente la desprotegida producción nacional y le convenía a Inglaterra (que pregonaba un librecambismo que nunca practicó). Juan B. Justo manifestará varias veces su desprecio por la mano de obra local, demostrando una concepción racista del progreso que lo llevaba a decir: “Han llegado un millón y medio de europeos que unidos al elemento de origen europeo ya existente, forman hoy la parte más activa de la población, la que absorberá poco a poco al viejo elemento criollo incapaz de marchar por si sólo hacia un tipo social superior”2 o “Los paisanos de nuestra campaña gastan todavía en sus personas muy poco jabón. ¿Qué tiene, entonces, de extraño que la sarna sea todavía tan común en el ganado lanar argentino?”3. A lo largo de toda su carrera política, Justo orientó a su partido hacia posiciones funcionales a la oligarquía gobernante, reclamando constantes reducciones aduaneras.
Contemporáneamente al surgimiento del Partido Socialista, aparece un partido de carácter nacional: el radicalismo. Orientado originalmente por Alem, el sector más intransigente será el de Hipólito Yrigoyen, quien tras varios intentos revolucionarios logrará obtener la presidencia en 1916 mediante un aplastante triunfo en las urnas.
Durante las primeras décadas del siglo veinte, serán los anarquistas quienes lograrán mayor adhesión que los socialistas. El partido Socialista fue netamente urbano, mientras que el anarquismo prendió no solo en trabajadores de la ciudad sino entre los trabajadores rurales. Ya en 1909 se había producido la primera semana trágica de nuestra historia, cuando el comisario Ramón Falcón había disparado sobre la multitud que celebraba el 1º de Mayo.
Al celebrarse el primer Centenario de la revolución de Mayo, la oligarquía se disponía a festejar sus negociados tirando la casa por la ventana, mientras el hambreado pueblo era reprimido y escondido para que los visitantes “ilustres” no los vieran. El origen de las protestas encabezadas por los anarquistas eran los bajísimo salarios y las condiciones insalubres en las que trabajaban los peones rurales y los obreros urbanos. Sin embargo, más allá de las protestas y de la huelgas, la oligarquía marchaba tranquila en su entrega del país.
Argentina era un país claramente agroexportador, ya que la industria que podría haberse derivado de ella era combatida con los altísimos fletes que imponían los ferrocarriles británicos. Hubo algunos hombres que ahogados dentro del socialismo comenzarían a manifestar sus diferencias con la dirección del partido (Manuel Ugarte, José Ingenieros, Leopoldo Lugones) sin embargo tomarán rumbos distintos…Ugarte comprenderá la cuestión nacional y la necesidad de lograr la unión latinoamericana, Ingenieros quedará atrapado dentro del esquema liberal y Lugones derivará hacia el fascismo.
Ante el ascenso del radicalismo, el socialismo criticó duramente al partido de Yrigoyen. Nutrido de un internacionalismo sin sustento real en nuestra sociedad, el Partido Socialista impulsó una campaña para que Argentina interviniera en la Primera Guerra Mundial, mientras Yrigoyen pretendía llevar adelante una política internacional independiente, dentro de su programa que era redistribuir la renta agraria diferencial y democratizar la sociedad. La colonización ideológica que sufría nuestro país hacía que las cuestiones domésticas quedaran relegadas a un segundo plano, mientras oligarquía e “izquierda” discutían dentro un espacio en común al que daban por válido. Fuera de ello lo demás era despreciado. Es decir: se podía ser “socialista” dentro del esquema planteado por la oligarquía y las actitudes “izquierdistas” eran toleradas, pues no afectaban ni cuestionaban a la clase dominante, sino que apuntaban a cosas superficiales o de “forma”. La oposición a las cuestiones nacionales era consecuencia de su falta de arraigo popular. Al oponerse a abordar la cuestión nacional argentina, le hacían el favor al nacionalismo inglés y norteamericano, ya que el imperialismo no es otra cosa que el nacionalismo de las potencias llevado a su máxima expresión. Olvidaban que “En un país semicolonial, donde el principal enemigo es el imperialismo y su influencia económica e ideológica, el nacionalismo es un factor revolucionario en la lucha por la emancipación del país y por el socialismo”4. Los socialistas llegaban a hablar de capitalismo sano y espurio…el último era el nacional. Todo lo bueno debía provenir de la culta Europa, mientras cualquier intento argentino y latinoamericano era despreciado por “bárbaro”. Cuando se produjo el golpe de 1930 e Yrigoyen fue derrocado, el diario socialista La Vanguardia hacía esta semblanza del dictador Uriburu: “tampoco desconocemos la buena voluntad que ha puesto en todos sus actos para salir airoso de la difícil empresa que ha asumido”5. Frente al radicalismo, el partido socialista se opuso en todo momento. Pero dentro del propio partido habían aparecido diferencias insalvables que llevaron a una división interna de la cual nacería el Partido Comunista.
El Partido Comunista
Hacia 1920 nace el Partido Comunista en Argentina. Reiterando viejos errores se vuelve a omitir la cuestión nacional. Esta agrupación estará atada a los vaivenes de la política rusa, siguiendo las tácticas que Stalin diagramaba para su país. Desde la conducción del Partido Comunista se condenará al trotskysmo. Tal era el extravío de esta agrupación que en 1927 en ocasión de reunirse el congreso antiimperiliasta mundial, cuando el peruano Haya de la Torre planteó la necesidad de abordar los problemas de Latinoamérica, el presidente del Partido Comunista argentina, Vittorio Codovilla exclamó: “¡Que perezcan, por último, esos veinte pueblecitos con tal que se salve la revolución Rusa!”6. Sus máximas figuras serán Codovilla y Rodolfo Ghioldi. Mientras Yrigoyen llevaba adelante su segundo gobierno (como representante de la clase media empobrecida y los trabajadores rurales y sectores populares), el partido Comunista lo calificaba de “fascista” y le daba un empujón acelerando su caída a manos de la oligarquía, que con la ayuda de los nacionalistas de derecha, darían el golpe de Estado de 1930. Uriburu gobernaría un año y le cedería el puesto al fraudulento presidente Agustín P. Justo. Comenzaba la década infame, pero el Partido Comunista decía de Agustín P. Justo: “representaba dentro de la oligarquía una tendencia favorable al establecimiento de ciertas libertades constitucionales”7. En realidad Justo era la cabeza visible del imperialismo. No tardaría mucho en entregar la economía del país a manos del imperio: en 1932 se celebraba el Pacto Roca- Runciman, por el cual Inglaterra imponía las condiciones bajo las cuales se regularía nuestro comercio exterior, nuestro sistema bancario y ferroviario.
El partido Comunista tuvo adeptos dentro de la clase media, pero no tuvo una influencia masiva en el movimiento obrero. En 1918 se opondrían a la reforma universitaria con la misma fuerza que se opusieron a Yrigoyen. “El gobierno de Yrigoyen es el gobierno de la reacción capitalista, como lo demuestra su política reaccionaria fascistizante, contra el proletariado en lucha, contra el cual aplica cada vez más métodos terroristas”8. Tan “fascista” era el gobierno de Yrigoyen que el Partido Comunista tenía habilitado su salón de actos en pleno centro, con biblioteca, imprenta y salón de eventos.
Del partido comunista se desprendería un grupo trotskysta que sería crítico del socialismo y del Partido Comunista, pero que a su vez sufrirá diversas divisiones. Dentro de las corrientes trotskystas habrá quienes critiquen la posición antirradical del socialismo y del comunismo por no distinguir entre la política antinacional de los conservadores y la progresividad del radicalismo. Este último, aun con sus limitaciones y errores, había significado un avance en la democratización de la sociedad y la participación política, por lo que calificarlo simplemente de burgués era igualarlo a los conservadores que desarrollaban una política elitista, pro imperialista y antipopular. Pero como dijimos, dentro del propio trotskysmo surgieran diversas corrientes que terminarán atomizando a la corriente.
Paradójicamente, la mayoría de los teóricos, intelectuales o dirigentes más preponderantes de la izquierda estaban ligados a los sectores medios y no a obreros. Tanto Juan B. Justo, como Liborio Justo e incluso hombres de avanzada concepción de lo popular como Manuel Ugarte, pertenecían a una clase acomodada.
Tanto el socialismo como el comunismo adhirieron a la versión oficial de la historia, argentina rescatando a los héroes liberales. Solamente los disidentes de ambos partidos buscaron revisar esa versión. En lo político, se volcaron por la “democracia formal” y esquivaron a los dos grandes movimientos populares: yrigoyenismo y peronismo.
La izquierda nacional
Hubo un grupo de intelectuales y militantes de izquierda que, haciendo una correcta aplicación del marxismo a las particularidades nacionales, comprendieron la progresividad del peronismo como manifestación (aun con todos sus errores) de un antiimperialismo latente en las masas populares. “Por izquierda nacional, en un país dependiente, debe entenderse en sentido lato, la teoría general aplicada a un caso nacional concreto, que analiza a la luz del marxismo, en tanto método de interpretación de la realidad, y teniendo en cuenta, en primer término, las peculiaridades y el desarrollo de cada país, la economía, la historia y la cultura en sus contenidos nacionales defensivos y revolucionarios, y coordina tal análisis teórico con la lucha práctica de las masas contra el imperialismo en el triple plano nacional, latinoamericano y mundial, y en este orden”9.
Entre los más destacados integrantes de esta corriente se hallaron y hallan Aurelio Narvaja (del grupo trostkista Frente Obrero), Jorge Abelardo Ramos (revista Octubre), Jorge E. Spilimbergo, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Eduardo Artesano, y Norberto Galasso. La idea básica es que en lucha contra el imperialismo. La fecha de nacimiento de la izquierda nacional no es exacta, pero su bautismo podría ser el propio 1945, cuando efectuaron una declaración que valoraba la movilización popular. Su permanencia en el tiempo ha llegado hasta la actualidad, aunque ha gravitado más como grupo intelectual y de revisionismo histórico de izquierda que como partido político.
(Este artículo se ampliará con nuevos aportes, última actualización 16/3/2009).
1- Norberto Galasso. Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina. Socialismo, peronismo e izquierda nacional. Ed. Nuevos Tiempos, 2007, Buenos Aires, p. 7
2- Jorge A. Ramos. Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I, Distal S.R.L., 1999, Buenos Aires, p.292
3-Norberto Galasso. Manuel Ugarte. Y la lucha por la unidad latinoamericana, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2001, p. 109
4- Jorge A. Ramos. Breve historia de las izquierdas en la Argentina, Tomos I y II, Editorial Claridad, B. Aires, 1990
5- Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen II, p. 94
6- Breve historia de las izquierdas en la Argentina, I p.83
7- Breve historia de las izquierdas en la Argentina, I p. 130
8- Breve historia de las izquierdas en la Argentina p. 119
9- J. J. Hernández Arregui. La formación de la conciencia nacional, Continente, Buenos Aires, p. 369