16 de junio de 1955
Bombas sobre Plaza de Mayo
Hacia 1955, el segundo gobierno de Perón debía afrontar una dura oposición. Esta se manifestaba no solamente en actos partidarios, sino también en intentos de golpes de Estado (1951, encabezado por Menéndez), explosivos (abril de 1953, en una concentración en Plaza de Mayo) y atentados contra locales partidarios del peronismo. El origen de tan férrea oposición de los sectores más ricos tenía que ver con los intereses económicos que el gobierno popular había afectado.
El plan de gobierno era una mejor redistribución del ingreso hacia los sectores más pobres. El I.A.P.I. (Instituto Argentino Para el Intercambio) era el organismo encargado del comercio exterior (exportaciones). Este ente compraba toda la producción del campo y la vendía al exterior a un excelente precio. De esta manera desactivaba el monopolio agroexportador y podía (con el excedente) impulsar la industria liviana y pesada y mejorar los servicios públicos, caminos, etc. Por supuesto esto le generó el odio de la Sociedad Rural.
La punta de lanza de la oposición era la Iglesia. Alrededor suyo se habían nucleado varios partidos: socialistas, radicales, conservadores (y aun comunistas). La Iglesia se hallaba enfrentada con el gobierno debido a la creciente influencia que tenía el peronismo sobre la juventud, a través de la U.E.S. (Unión de Estudiantes Secundarios). La U.E.S. era el lugar en donde los jóvenes podían juntarse para practicar deportes, artes y desarrollar acciones políticas. Además los Campeonatos Evita movilizaban a muchos niños y jóvenes que recorrían el país de costa a cordillera por primera vez y recibían además atención médica gratuita, ropa y todo lo necesario para el desarrollo personal. Antes esto, la Iglesia temía perder influencia y por ello se volcó en contra del gobierno. Perón dobló la apuesta impulsando la Ley de Divorcio, el reconocimiento legal de los hijos extramatrimoniales y el recorte de los feriados religiosos reemplazándolos por feriados sindicales. Por otra parte, el gobierno ejercía el control de los medios públicos de comunicación (con excepción del diario La Nación) y la excesiva propaganda oficial jugaba más en contra que a favor.
El sustento político de Perón era la clase trabajadora que había mejorado sensiblemente su situación desde 1945 con aumento del salario real, viviendas, mayor poder adquisitivo, jubilaciones, vacaciones pagas, aguinaldo, voto femenino, etc.
Ante esta situación la oposición utilizaba cualquier ocasión para manifestar su rechazo a las políticas de gobierno. El 11 de junio de 1955 se organizó la tradicional celebración religiosa de Corpus Christi. El evento se transformó a su término en un acto político. Un grupo numeroso se separó de la marcha y se dirigió rumbo al Congreso. Allí se izó una bandera del Vaticano y apareció quemada una bandera argentina, en un confuso episodio. Se produjo un choque con las fuerzas policiales. El 16 de junio (cinco días después de la marcha de Corpus Christi) el gobierno pensaba realizar un acto de desagravio a la bandera. El acto contaría con un desfile aéreo. Lo que pocos imaginaban era que la conspiración estaba en marcha y la Marina utilizaría el evento para intentar matar a Perón. Pensaban que eliminando al caudillo popular se terminaría el peronismo. En la mañana del 16 Franklin Lucero (general leal a Perón) le advirtió al presidente que había movimientos extraños y le aconsejó trasladarse al Ministerio de Ejército. Efectivamente el intento de golpe estaba en marcha. No sólo se hallaban involucrados hombres de las armas, sino también civiles como el “socialista” Américo Ghioldi (premiado luego durante la dictadura con un cargo político), Miguel Ángel Zavala Ortiz (radical unionista), Oscar Vichi (conservador), Mario Amadeo (nacionalista católico). Los fondos para el golpe los aportaba el grupo Bemberg; Lamuraglia, Gainza, Paz (ex propietarios del diario La Prensa, “exiliado” en Estados Unidos). También varios “comandos civiles” participan del intento golpista, entre ellos Mariano Grondona.
Ese mediodía en vez de aviones homenajeando a la bandera, aparecen otros (de la marina) dispuestos a matar:
primero a Perón y luego al pueblo. A las 12 y 40 cae la primera bomba. La Casa Rosada recibe este primer impacto. El intento de matar a Perón queda claro. Es importante que las nuevas generaciones presten atención el grado de criminalidad de la oposición. Se han llenado muchas hojas y derramado demasiada tinta hablando acerca del supuesto “autoritarismo” peronista. Sin embargo, los únicos que levantaron sus armas en contra de la patria, en contra de la Constitución y del pueblo fueron los pretendidos “democráticos”. Por primera vez en su historia, la Plaza de Mayo era bombardeada...Y vergonzosamente por fuerzas del propio estado
en un intento de golpe... Una de las bombas dio de lleno sobre un vehículo de transporte repleto de gente. Los despedazados cuerpos de escolares y trabajadores se esparcen por el centro de Buenos Aires. La noticia del bombardeo pronto llega a oídos de la población. La clase obrera (que mantuvo un vínculo inquebrantable de mutua lealtad con Perón) comienza a dirigirse a la Plaza. La furia golpista no se detiene y continúa ametrallando y bombardeando Buenos Aires. Los edificios públicos cercanos a la Casa Rosada registran los impactos de los proyectiles. Autos incendiados, calles destruías completan el desolador panorama. Los aviones sediciosos luego de arrojar su carga de muerte sobre la población corren a refugiarse en Uruguay. El Ejército se mantiene leal al gobierno. El edificio de Marina en manos de los sediciosos se rinde. Ya es la tarde en Buenos Aires cuando los últimos golpistas surcan el cielo. El intento de golpe y de asesinar a Perón ha fracasado. Pero el saldo es terrorífico: 400 muertos civiles. Es la más grande masacre de la historia argentina.
Presten atención a esto los historiadores nuevos o aquellos apasionados por conocer los hechos y políticas del pasado. La noche del 16 de junio, cuando aun humeaban las secuelas del bombardeo criminal, una multitud de trabajadores descargó su bronca. Identificaron a los golpistas con la reciente procesión de Corpus Christi y por eso atacaron a las Iglesias del centro. Fíjense como se escribe la historia. Halperín Donghi y sus discípulos no cesan de quejarse por el incendio de unos cuantos edificios viejos, pero no dicen mucho sobre los 400 muertos que el intento golpista dejó en la Plaza esa misma jornada. Así se escribe la historia. Para algunos historiadores son más importantes unos cuantos ladrillos viejos que la vida de cientos de compatriotas.
Por la noche
Perón dio un discurso intentado calmar los ánimos de los trabajadores para que no tomen venganza. Aunque podría haber fusilado a los responsables, solamente los encarceló (entre ellos un joven militar llamado Lanusse que luego ejercería la dictadura contra el pueblo). Tres meses después, el golpe de Estado derrocaría al hombre más votado de Argentina.
Para más información sobre esto pueden consultar:
Norberto Galasso. Perón. (Tomo 1). “Formación, ascenso y caída (1893-1955)”, (Tomo II). “Exilio, resistencia, retorno y muerte (1955 - 1974)”, Colihue, Buenos Aires, 2005
Jorge A. Ramos. Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen I y II, Distal S.R.L., 1999, Buenos Aires